Domingo, 21:45, acurrucados en la cama mirándose.
Contemplando sus pupilas, con una ventana entre abierta que dejaba entrar el
cantar de los pájaros, junto al reconocible olor nocturno.
-¿Qué pasa?- pregunta Braulio como de costumbre.
-No pasa nada, no seas inseguro, no siempre tiene que pasar
algo- responde Elsa a una pregunta que siempre recibe.
-No es inseguridad, tampoco es miedo… es más bien…- el
silencio aborda la habitación enmudeciendo a Braulio.
Las miradas continuaban, la exploración de galaxias seguía
un ritmo lento, letárgico. Descubriendo espacios nuevos entre ellos.
-Es más bien… eres lo que siempre quise- dice Braulio en voz
baja y acariciando su mejilla- cada gesto que hago, cada palabra que digo. La
analizo con cuidado, no quiero dañarte en lo más mínimo. Por eso pregunto qué
pasa, cuando sé que quizás no pase nada. Pregunto qué pasa para que tú me
respondas, y yo así cerrar los ojos y escuchar tu voz, que me aterriza y calma
me trae. Pregunto qué pasa porque-… -Perderte no quiero- con los ojos llorosos
Braulio deja quieta la mano en su mejilla.
-¡ja! Ridículo, no pienses leseras- Elsa toma su mano que
pesaba en su mejilla y la posa entre ellos
-cierra la ventana, que hace frio-
Braulio con agilidad se levanta y cierra la ventana mientras
admiraba el paisaje nocturno de luces y silencio que entregaba un tercer piso.
Nuevamente acurrucados, como si tratasen de entrar uno al
cuerpo del otro a través de los ojos.
-Tienes cara de decirme algo- dice Elsa con certidumbre.
-Ya lo he dicho antes-
-Pero no te quedes con las ganas, puedes decirlo ahora, de
nuevo-
Del otro lado, Braulio abre sus ojos encontrándose
rápidamente con la galaxia, ojos que esta vez eran de un verde oscuro, galaxia
profunda la cual contempló sin culpa. El silencio fue el protagonista por 5
minutos, ambos se miraban, memorizando sus rostros, sus pupilas bailaban al
ritmo que sus respiraciones entregaban. No pensaban en nada, entregados,
viajando en la contemplación del uno al otro.
Braulio pasa su mano por la cintura de Elsa al mismo tiempo
que tomaba aliento.
-Te amo-
Elsa, aferra su mano con fuerza, queriendo como juntar sus
cuerpos que ya no podían estar más juntos, sintiendo su corazón en su pecho,
percibiendo el calor del otro.
-Yo también-…-¿Qué me hiciste Braulio Quezada?...-¿Qué me
hiciste?
-¿Tú también qué?
-Yo también te amo-
Domingo 22:15, acurrucados en la cama, amándose.
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